CategorÃa:Zen
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¿Qué es el zen?
El zen - Dhyana en sánscrito - remonta a la experiencia de Buda Shakyamuni, quien realizó el despertar en la postura de zazen en el siglo VI DC. Esa experiencia se transmitió sin interrupción de maestro a discÃpulo, formando asà la lÃnea zen.
Su aspecto cultural y folclorico se conoce en occidente desde el principio del siglo veinte, a través de diferentes prácticas como los artes marciales, la ceremonia de té, el arte floral o los famosos jardines japoneses etc. Pero incluso si la profundidad de su filosofÃa y la pureza de su estética atrajeron mucho a artistas, escritores y los filósofos, eso nunca dejó nacer una verdadera práctica, porque son solamente las frutas de una semilla plantada en la tierra japonesa algunos siglos atrás. Pero ¿cuál es esta semilla? ¿Cuál es la fuente creativa de todos estos frutos?
Zazen es el secreto del zen
¿Qué es el zazen?
Es la meditación sentada en la postura tradicional del loto, practicada por el ser humano desde la prehistoria. Zazen no es una teorÃa, ni una idea, ni un conocimiento que se puede percibir con el cerebro. Es únicamente una práctica que cambia nuestro propio espÃritu de manera radical. Significa fundirse con el universo entero. El maestro Taisen Deshimaru, discÃpulo y sucesor del gran maestro Kodo Sawaki, trajo la práctica de ese zazen a Europa, plantando asà la semilla original en una tierra nueva.
Zazen y Budismo
El Budismo mismo es un fruto del zazen. La leyenda dice que antes del Buda Shakyamuni ya habÃa siete Budas, el Budismo se refiere entonces a un tiempo anterior a él mismo.
En efecto, la postura de zazen remonta a los tiempos antiguos, como atestiguan numerosos vestigios arqueológicos (consulte zen y prehistoria), ella es un tesoro fundamental de la humanidad.
El Budismo histórico nació a partir del zazen del Buda hace 2500 años y se transmitió de maestros a discÃpulos desde ese tiempo, a través del mundo, sin interrupción.
Zen y occidente
Hoy en dÃa el zen existe en occidente, aunque se puede constatar que todavÃa no ha sido realmente apropiado por esta cultura. Seguimos viéndolo como algo exótico y un poco folclorÃstico, creemos que es solamente una imagen con estilo japonés o chino. Pero ¿qué hay de la integración a nuestra cultura e incluso a la nueva cultura mundial? ¿Cuáles serán los frutos que surgirán de esto?
El Zen no es una filosofÃa ni una religión, es una VÃa que conduce a una experiencia decisiva; el Satori.
El Satori es el despertar a uno mismo y a la realidad.
El Zen es, en su esencia, el arte de ver en la naturaleza del ser. Indica la VÃa que va de la esclavitud a la libertad. Nos libera de todos los yugos bajo los que sufrimos constantemente, haciéndonos beber directamente de la fuente de la vida.
El Zen tiene la llave de la liberación, de la realizacion del "Yo", es como convertirse en Maestro de las energÃas que a uno le habitan.
El Zen, lejos de estar separado de la vida real, es por el contrario un arte de vivir que permite estar plenamente presente en cada gesto de la vida cotidiana.
LA VIDA ES SIMPLE SI LA QUIERES ASI, DEPENDE TODO DE TU ARMONIA CON TODO LO QUE TE RODEA. SI TIENES HAMBRE, COME, SI TIENES SUEÑO, DUERME, NO VAYAS CONTRA LO NATURAL Y HAZ LO QUE CORRESPONDA EL NECIO SOLO RIE, EL SABIO ENTIENDE.
La práctica de zazen es el secreto del Zen.
Zazen es difÃcil, lo sé. Pero practicado cotidianamente es muy efectivo para la ampliación de la conciencia y el desarrollo de la intuición. Zazen no solamente genera una gran energÃa, también es la postura del despertar. Durante la práctica no hay que intentar lograr lo que sea. "Sin objeto", es únicamente concentración en la postura, la respiración y la actitud del espÃritu.
Maestro Taisen Deshimaru
La postura
Sentados en el medio del zafu (almohadón redondo), se cruzan las piernas en la posición de loto o de medio loto. Si ello no es posible, y se cruzan las piernas simplemente sin colocar el pie en el muslo opuesto, aun asà es esencial que las rodillas empujen el piso. La columna vertebral bien derecha, el mentón entrado y la nuca estirada, la nariz en la misma lÃnea vertical que el ombligo, se empuja la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza. Se pone la mano izquierda en la mano derecha, las palmas hacia el cielo, los pulgares se tocan, formando una lÃnea derecha. Las manos descansan en los pies, los cantos en contacto con el abdomen. Los hombros están relajados. La punta de la lengua toca el paladar. La vista está puesta aproximadamente a un metro de distancia en el suelo sin mirar nada en particular.
La respiración
La respiración zen no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sánscrito se llamó 'anapanasati', solamente puede surgir de una postura correcta. Antes de todo se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una expiración suave, larga y profunda. El aire se expulsa lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la expiración, baja con fuerza al vientre. Al final de la expiración, la inspiración se hace naturalmente. Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la expiración de un bebé que grita recién nacido.
La actitud del espÃritu
Sentados en zazen, dejamos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales, que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo - sin oponerse ni agarrarse a ellos. Como los reflejos en un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan y pasan otra vez y terminan por desvanacerse. Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todos los pensamientos (hishiryo), verdadera pureza.
Esa actitud de espÃritu surge naturalmente de una concentración profunda en la postura y la respiración, y permite asà controlar la actividad mental, resultando una mejora en la circulación cerebral.
En efecto del cortex (sede del pensamiento consciente) descansa durante zazen, mientras que la sangre fluye hacia las capas más profundas del cerebro, las cuales se despiertan de un estado de somnolencia, ya que están mejor irrigadas. Su actividad da la impresión de bienestar, serenidad, calma, liberando totalmente despierto, las ondas cerebrales del sueño profundo 'alpha' y 'theta' (consulte con respeto a ese tema las investigaciones hechas en la universidad de Komazawa en Japón).
El zen es muy simple, y al mismo tiempo bastante difÃcil de comprender. Es cuestión de esfuerzo y de repetición, como la vida. Simplemente sentado, sin objeto ni espÃritu de provecho, si su postura, su respiración y la actitud de su espÃritu están en armonÃa, entienden el verdadero zen, perciben la naturaleza de Buda.
Maestro Taisen Deshimaru
Ser Zen
Ser Zen, es practicar la gran sentada de los Budas, es decir el zazen, meditación sentada en posición del loto que es la esencia del budismo.
Por esta práctica nos volvemos Ãntimos con nosotros mismos. Esta intimidad acarrea la comprensión de nuestro verdadero ser. Comprender nuestra verdadera naturaleza nos permite armonizarnos y fundirnos con todo el universo y por tanto ponernos en acuerdo con él y seguir el orden cósmico.
Lo que nos lleva a pensar que no somos tan importantes y a apreciar más el mundo que nos rodea descubriéndole tal como es, y no deformado por nuestros prejuicios.
Descubrir el mundo tal como es, nos da la elección de no aceptar ciegamente las descripciones que nos han hecho desde nuestro nacimiento y la posibilidad de no dejarnos abusar por los demás o por nosotros mismos. Tenemos, pues, la elección de no dejarse arrastrar en cÃrculos viciosos de los que no se puede salir hasta la muerte. De ésto deriva una sensación de libertad que nos empuja a creer, pero a creer porque hemos elegido creer y no por superstición. Creer es entonces la expresión de nuestro libre albedrÃo, es una creencia creativa.
Ser Zen, es saberse olvidar de uno mismo y por tanto poderse concentrar en una sola cosa. Hay que saber porqué se hacen las cosas y actuar después, sin duda ni arrepentimiento. No dudar, es también equilibrar el miedo y el valor.
Ser Zen, es saber hacer silencio en el interior de uno mismo y descubrir asà nuestra verdadera dimensión, que entonces aparece, como si las palabras la hubieran vuelto cautiva.
Historias Zen
Desterrando a un fantasma
La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o volveré para rondarte. Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para atormentarlo. El fantasma le recordaba todo lo que habÃan pasado él y su prometida ese dÃa, hasta el punto de repetir, palabra por palabra, las conversaciones que habÃan tenido. Esto lo trastornó tanto que no pudo dormir nada.
Desesperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivÃa cerca del pueblo. "Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oÃr la historia del hombre, "¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada detalle de lo que dije e hice. ¡Sabe todo!" El maestro sonrió. "DeberÃas admirar a un fantasma asÃ, pero yo te diré que hacer la próxima vez que aparezca." Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le habÃa dicho el maestro. "Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta, romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi vida". "Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".
En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.
El Maestro campana
Un nuevo estudiante se aproximó al maestro Zen y le preguntó como podÃa prepararse para su aprendizaje. "Piensa que soy una campana", explicó el maestro. "Dame un golpe suave y tendrás un pequeño sonido. Golpéame duro y recibirás un repique fuerte y resonante".
Libros
HabÃa un reconocido filósofo y docente que se dedicó al estudio del Zen durante muchos años. El dÃa que finalmente consiguió la iluminación tomó todos sus libros, los llevó al patio y los quemó.
Buda cristiano
Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio. Cuando regresó, le preguntó al maestro si alguna vez habÃa leÃdo la Biblia cristiana. "No", respondió Gasan, "por favor léeme algo de ella". El monje abrió la Biblia en el Sermón del Monte de San MatÃas, y empezó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los lirios en el campo, se detuvo. El maestro Gasan permaneció en silencio durante un largo tiempo. "SÃ", dijo finalmente, "quien haya pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que acabas de leerme es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte aquÃ!"
Persiguiendo dos conejos
Un estudiante de artes marciales se aproximó el maestro con una pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?" "El cazador que persigue dos conejos", respondió el maestro, "no atrapa ninguno".
Una situación tensa
Un dÃa mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado. Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre el fatal precipicio. Mientras el estaba ahà colgado, dos ratones aparecieron por un agujero en al acantilado y empezaron a roer la parra. De pronto, vio un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó y se las llevó a la boca. ¡Estaban increÃblemente deliciosas!
Concentración
Después de ganar varios concursos de arquerÃa, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahà está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".
Destino
Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganarÃa, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo, "Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará". Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el destino"."Es verdad", contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente, que tenÃa cara en ambos lados.
Soñando
El gran maestro TaoÃsta Chuang Tzu soñó una vez que era una mariposa revoloteando aquà y allá. En el sueño no tenÃa conciencia de su individualidad como persona. Era sólo una mariposa. De pronto, se despertó y se encontró ahà acostado, una persona otra vez. Pero entonces pensó para sà mismo, "¿Era antes un hombre que soñaba ser una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?"
EgoÃsmo
El Primer Ministro de la DinastÃa Tang fue un héroe nacional por su éxito como estadista y como lÃder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y salud, se consideraba un humilde y devoto Budista. A veces visitaba a su maestro Zen favorito para estudiar con él, y parecÃa que se llevaban bien. El hecho de ser primer ministro parecÃa no afectar su relación, que parecÃa ser la de un venerado profesor y un respetuoso alumno. Un dÃa, durante su visita usual, el Primer Ministro le preguntó al maestro, "¿Su Reverencia, qué es el egoÃsmo de acuerdo al Budismo?" La cara del maestro se volvió roja, y con una voz condescendiente e insultante, le respondió, "¿qué clase de pregunta estúpida es esa?" Esta respuesta inesperada impactó tanto al Primer Ministro que se quedó callado y furioso. El maestro Zen sonrió y dijo, "ESTO, Su Excelencia, es egoÃsmo".
MEDITACIONES GUIADAS
- Meditación sobre la muerte
- Meditación sobre el amor compasivo
- La respiración a través
- La gran bola de mérito
- Aprendiendo a verse unos a otros
LA MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE
La mayorÃa de los caminos espirituales comienzan reconociendo la transitoriedad de la vida humana. Los cristianos medioevales lo mostraron en el auto religioso Todohombre. Don Juan, el brujo yaqui, enseñó que el guerrero iluminado camina con la muerte en su hombro. El confrontar y aceptar lo inevitable de nuestra muerte nos libera de nuestros apegos y nos permite vivir con atrevimiento.
Una meditación inicial en el camino budista involucra la reflexión sobre el hecho doble de que: “la muerte es segura” y “el momento de morir es incierto”. En el mundo actual, la construcción de armas nucleares, sirviendo en cierto sentido de maestro espiritual, hace esa meditación por nosotros, pues nos dice que podemos morir juntos en cualquier momento, sin previo aviso. Cuando permitimos que la realidad de esa posibilidad se haga consciente, causa dolor, pero también nos despierta de una sacudida a la vivacidad de la vida, a su calidad milagrosa, elevando nuestra consciencia de la belleza y unicidad de cada objeto, y de cada ser.
Como práctica ocasional en la vida diaria:
Mira a la persona con quien te encuentras (extraño o amigo). Ve dándote cuenta de que esta persona vive en un planeta en peligro. Él o ella puede morir en una guerra nuclear, o de los venenos que se esparcen a través de nuestro mundo. Observa esa cara, única, vulnerable Â… Esos ojos todavÃa pueden ver; no son huecos vacÃos Â… la piel está todavÃa intacta Â… Sé consciente de tu deseo de que esta persona se libre de tal sufrimiento y horror, percibe la fuerza de tu deseo Â… sigue respirando Â… También permite que surja en ti la idea de que ésta pueda ser la persona con quien estés cuando mueras Â… esa cara la última que veas Â… esa mano la última que toques Â… la que podrÃa acercarse para ayudar, consolar, dar agua Â… Ã?brete a los sentimientos hacia esta persona que afloran en tu consciencia ante esta posibilidad Â… Ã?brete a los niveles del afecto y conexión que se revelan en ti.
LA MEDITACIÓN SOBRE EL AMOR COMPASIVO
El amor compasivo, o metta, es la primera de las cuatro “Moradas del Buda”, también conocidas como los Brahmaviharas. La meditación para despertar y sustentar el amor compasivo es un elemento básico del Movimiento Sarvodaya Shramadana para el desarrollo comunal en Sri Lanka, y se le destina minutos de silencio al principio de cada reunión. Los organizadores y los trabajadores del pueblo encuentran que es útil para adquirir una motivación hacia el servicio y para vencer sentimientos de hostilidad o la falta de adecuación en ellos y con los demás.
Recibà por primera vez las instrucciones sobre esta meditación de una monja en la tradición budista tibetana. Aquà está una versión que he adaptado para su uso en occidente.
Cierra tus ojos y comienza a relajarte, exhalando para liberar la tensión. Ahora enfócate en el flujo normal de la respiración, soltando todos los pensamientos extraños mientras observas pasivamente el inhalar y el exhalar
Â… Â…
Ahora trae a tu mente a alguien que ames con mucho cariño Â… en tu imaginación ve la cara de esa persona amada Â… pronuncia silenciosamente su nombre Â… Siente tu amor por este ser, como una corriente de energÃa que viene de tu interior Â… Ahora permÃtete sentir cuánto quieres que esta persona esté libre de miedo, cuán intensamente deseas que esta persona pueda soltarse de apegos y enemistades, de la confusión y el dolor y de las causas del sufrimiento Â… Este deseo, con toda su sinceridad y fortaleza, es metta, el gran amor compasivo
Â… Â…
Continua sintiendo ese flujo cálido de energÃa que viene de tu corazón, contempla con tu imaginación a aquellos con quienes compartes la vida diaria, miembros de la familia, amigos cercanos y colegas, la gente con quienes vives y trabajas Â… Haz que aparezcan en un cÃrculo alrededor tuyo. Contémplalos uno por uno, pronunciando silenciosamente sus nombres Â… y dirige hacia cada uno de ellos la misma corriente de amor compasivo Â… Entre estos seres pueden estar algunos con quienes estás incómodo, en conflicto o con tensión. Con ellos especialmente, experimenta tu deseo de que cada uno se libere del miedo, se libere del odio, se libere de la ambición e ignorancia y de las causas de sufrimiento
Â… Â…
Ahora permite que aparezcan, en cÃrculos concéntricos mayores tus amigos y conocidos Â… Deja que el haz de amor compasivo los toque también a ellos, deteniéndote en las caras que aparecen al azar en tu imaginación. Con ellos también, experimenta el deseo que tienes de que se liberen de apegos, miedo, odio y confusión, cuánto quieres que todos estos seres sean felices
Â… Â…
Más allá de ellos, en cÃrculos concéntricos aún mayores, aparecen todos los seres con quienes compartes este tiempo planetario. Aunque no te hayas encontrado con ellos, sus vidas están interconectadas en formas que van más allá del conocimiento. Dirige también a estos seres, la misma corriente poderosa de amor compasivo. Experimenta tu deseo e intención de que cada uno se despierte del miedo y el odio, del apego y la confusión Â… que todos los seres sean liberados del sufrimiento
Â… Â…
Igual que en la meditación budista antigua, dirigimos ahora el amor compasivo a todos los “fantasmas hambrientos”, los espÃritus inconsolables que vagan en el sufrir, todavÃa presos del miedo y la confusión. Que encuentren descanso Â… que puedan descansar en el gran amor compasivo y en la profunda paz que éste trae
Â… Â…
Con el poder de nuestra imaginación vayamos ahora más allá de nuestro planeta, hacia el universo, a otros sistemas solares, otras galaxias, otros campos búdicos. La corriente de amor compasivo no es afectada por la distancia fÃsica, y la dirigimos ahora, como apuntando un rayo de luz, hacia todos los centros de vida consciente Â… Y a todos los seres con sensaciones, de todas partes, les dirigimos nuestro deseo sincero de que ellos, también, se liberen del miedo y la ambición, del odio y la confusión y de las causas del sufrimiento Â… Que todos los seres sean felices
Â… Â…
Ahora, como desde allá lejos en las distancias interestelares, volteamos y contemplamos a nuestro propio planeta, nuestra propia casa Â… Lo vemos suspendido en la negrura del espacio, esta joya de planeta azul y blanco girando bajo la luz de su sol Â… Vamos lentamente hacia él, quedando cada vez más cerca, más cerca, regresando a esta parte de él; esta región, este lugar Â… Y a medida que llegas a este lugar, permÃtete ver al ser que mejor conoces Â… a la persona que te ha tocado ser en esta vida Â… Conoces a esta persona mejor que cualquier otra, conoces sus dolores y sus esperanzas, conoces su necesidad de amor, sabes cuánto se esfuerza Â… Deja que la cara de este ser, tu propia cara, se aparezca ante ti Â… Pronuncia el nombre con que eres llamado con amor Â… Y experimenta, con esa misma corriente energética de amor compasivo, qué tan profundamente deseas que este ser esté libre del miedo, liberado de apego y odio, liberado de la ignorancia y confusión y de las causas del sufrimiento Â… El gran amor compasivo que te conecta con todos los seres está ahora dirigido a ti mismo Â… conoce ahora su plenitud.
LA RESPIRACIÓN A TRAVÉS
Para la mayorÃa de las tradiciones espirituales, asà como también para la visión del mundo de la teorÃa de sistemas, es básico el reconocer que no somos entes separados, aislados, sino partes integrales y orgánicas de la vasta red de la vida. Como tales, somos como neuronas en una red neuronal, a través del cual fluyen corrientes de consciencia de lo que nos ocurre, en cuanto a especie y en cuanto a planeta. En ese sentido, el dolor que sentimos por nuestro mundo es un testimonio vivo de nuestra interconexión con él. Si negamos este dolor, entonces nos volvemos como neuronas bloqueadas y atrofiadas, despojadas del flujo vital, debilitando asà al cuerpo mayor del cual tomamos nuestro ser. Pero si lo dejamos moverse a través nuestro, entonces afirmamos nuestro pertenecer; nuestra consciencia colectiva aumenta. Podemos abrirnos al dolor del mundo con la confianza que no nos puede hacer pedazos ni nos puede aislar, ya que no somos objetos que pueden quebrarse. Somos patrones elásticos dentro de la vasta red del conocimiento.
Habiendo sido condicionados a vernos como entes separados, competitivos y por lo tanto frágiles, toma práctica volver a aprender este tipo de elasticidad. Una buena forma de comenzar es practicar la simple franqueza, como en el ejercicio de “la respiración a través”, adaptado de una antigua meditación budista para el desarrollo de la compasión.
Cerrando los ojos, enfoca tu atención en la respiración. No trates de respirar en alguna forma especial, despacio o largo. Simplemente observa como ocurre la respiración hacia adentro y hacia afuera. Nota las sensaciones que la acompañan en las fosas nasales o en el labio superior, en el pecho o en el abdomen. Permanece pasivo y alerta, como un gato frente a una cueva de ratón
Â… Â…
Mientras observas la respiración, notas que ocurre por sà misma, sin tu voluntad, sin tu decisión de inhalar o exhalar cada vez … es como si fueras respirado – respirado por la vida … Igual que todo el mundo en este cuarto, en esta ciudad, en el planeta actual, es respirado, sostenido, en una vasta red respirante de vida.
Â… Â…
Ahora visualiza tu respiración como un chorro o un listón de aire pasando a través tuyo. MÃralo fluir subiendo por la nariz, bajando por la tráquea y yendo hacia tus pulmones. Ahora de tus pulmones pásalo a través de tu corazón. ImagÃnalo fluir a través de tu corazón y hacia afuera, a través de una abertura, para reconectarse con la gran red de la vida. Deja que el flujo respiratorio, a medida que te atraviesa, se te figure como un lazo que forma parte de esa enorme red, conectándote con ella.
Â… Â…
Ahora abre tu consciencia al sufrimiento presente en el mundo. Baja todas las defensas y ábrete al conocimiento de ese sufrimiento. Déjalo que venga en forma tan concreta como puedas … imágenes concretas de tus prójimos con dolor y necesidades, con miedo y aislados, en prisiones, en hospitales, en edificios de apartamentos, en campamentos de hambre … no hay necesidad de tensarse por estas imágenes, están presentes en ti en virtud de nuestra interexistencia. Relájate y simplemente déjalas aflorar … las muchas e incontables dificultades de nuestros congéneres, y también de nuestros hermanos y hermanas animales, mientras cruzan a nado los mares y vuelan en el aire de este planeta enfermo … Ahora inhala el dolor, como gránulos oscuros en el chorro de aire, subiendo por la nariz, bajando por la tráquea, los pulmones y el corazón, y saliendo otra vez a la red mundial … no hagas nada con los gránulos por ahora, salvo dejarlos pasar a través de tu corazón.
Â… Â…
Asegúrate de que la corriente fluya a través tuyo y hacia afuera otra vez; no te agarres del dolor … entrégalo por ahora a los recursos curativos de la gran red vital.
Â… Â…
Podemos decir junto con Shantideva, el santo budista: “Deja que todas las tristezas maduren en mÔ. Les ayudamos a madurar pasándolas a través de nuestros corazones Â… haciendo un abono bueno y sustancioso a partir de toda esa pena Â… de manera que podemos aprender de ella, enriqueciendo nuestro conocimiento mayor, colectivo Â…
Si no se originan imágenes o sentimientos y hay sólo inexpresividad, gris y entumecida, respÃrala a través. El propio entumecimiento es una parte muy real de nuestro mundo Â…
Y si lo que te aflora no es el dolor ajeno tanto como tu propio sufrimiento, entonces también respÃralo a través. Tu propia angustia es una parte integral del dolor de nuestro mundo, y aflora con él
Â… Â…
Si sientes un dolor en el pecho, una presión en la caja torácica, como si el corazón se quebrara, está bien. Tu corazón no es un objeto que se pueda romper Â… Pero si ocurriera, dicen entonces que el corazón que se rompe puede contener al universo entero. Tu corazón es asà de grande. ConfÃa en él. Sigue respirando.
Â… Â…
Esta meditación dirigida sirve para introducir el proceso de la respiración a través, el cual, una vez que nos familiarizamos con él, se vuelve útil en muchas situaciones de la vida diaria que nos confrontan con información dolorosa. Al respirar a través las malas noticias, en vez de sujetarnos a ellas, podemos hacer que se fortalezca nuestro sentido de pertenencia en la gran red del ser. Nos ayuda a permanecer alerta y abiertos, ya sea leyendo el periódico, recibiendo una crÃtica, o simplemente estando presentes con una persona que sufre.
Para los activistas que trabajan por la paz y la justicia, y para aquellos en contacto más directo con los dolores de nuestro tiempo, esta práctica ayuda a evitar el agotamiento. El recordar la naturaleza colectiva, tanto de nuestra problemática como de nuestro poder, nos ofrece una curativa porción de humildad. También nos puede salvar de la soberbia. Porque cuando podemos tomar el dolor de nuestro mundo, aceptándolo como el precio de nuestro afecto, no usamos nuestros actos para castigar a aquellos que están menos involucrados.
LA GRAN BOLA DE MÉRITO
La compasión, que es el dolor por el dolor ajeno, es sólo una cara de la moneda. La otra cara es la alegrÃa en la alegrÃa ajena – lo que en el budismo es llamado mudita. En el mismo grado con que nos permitimos identificarnos con el sufrimiento ajeno, también podemos identificarnos con sus fortalezas. Esto es de suma importancia para lograr un sentimiento de suficiencia y resistencia, porque estos tiempos tan desafiantes requieren de nosotros más entrega, resistencia y valor de los que podemos sacar de nuestra ración personal. Podemos aprender a nutrirnos de las otras neuronas de la red neuronal, y verlas con agradecimiento y alegrÃa, como si fuera “dinero en el banco”.
Esta práctica es adaptada de la Meditación de Júbilo y Transformación, enseñanza impartida en un texto budista escrito hace dos mil años, al comienzo de la tradición Mahayana. La versión original se puede encontrar en el capÃtulo sexto del Sutra de la Perfección del Conocimiento en 8000 Versos. Hoy la encuentro muy útil en dos formas. La más cercana a la práctica antigua es ésta:
Relájate y cierra tus ojos. Abre tu consciencia a las personas con las que compartes estos tiempos del planeta Â… en este pueblo Â… en este paÃs Â… y en otras tierras Â… Observa con tu imaginación esas multitudes Â… Ahora deja que tu consciencia se abra más todavÃa, hasta abarcar a todos los seres que alguna vez vivieron Â… de todas las razas, credos y clases sociales, ricos, pobres, reyes y limosneros, santos y pecadores Â… mira el vasto paisaje de estos prójimos expandiéndose en la distancia, como cadenas montañosas sucesivas
Â… Â…
Ahora considera el hecho de que en cada una de estas innumerables vidas, algún acto de mérito fue ejecutado. Por limitada y despojada que haya sido su vida, hubo algún gesto de generosidad, un regalo de amor, un acto de valor o de auto-sacrificio Â… en el campo de batalla o en el lugar de trabajo, en el hospital o en el hogar Â… De todos los seres en estas multitudes interminables surgieron actos de valor, de bondad, de enseñanza y de curación. PermÃtete ver estos múltiples e inmensurables actos de mérito
Â… Â…
Ahora imagina que puedes barrer a estos actos de mérito juntándolos Â… bárrelos hasta hacer un montón frente a ti Â… usa tus manos Â… amontónalos Â… amontónalos en una gran pila y mÃrala con felicidad y gratitud Â… Ahora dale golpecitos hasta formar una esfera. Es la Gran Bola de Mérito Â… ahora sujétela y pésala en tus manos Â… gózala, con la seguridad de que jamás se pierde ningún acto de bondad. Se queda para siempre y por toda la vida como un recurso disponible Â… una forma de transformación de la vida Â… Ahora, con alegrÃa y gratitud, haz girar esta gran bola Â… voltéala Â… una y otra vez Â… para curar asà a nuestro mundo
Como nos enseña la ciencia contemporánea y como podemos visualizar en el modelo holográfico de la realidad, nuestras vidas están entrelazadas. En el tapiz fluido del espacio-tiempo, no hay ninguna distinción básica entre yo y el otro. Los actos e intenciones de los demás son como semillas que pueden germinar y fructificar a través de nuestras propias vidas, en la medida que los hacemos conscientes y dedicamos, o “volteamos”, esa conciencia para provecho de nuestro espÃritu. Thoreau, Gandhi, Martin Luther King, Dorothy Day, y muchos otros héroes y heroÃnas anónimos de nuestro tiempo, todos pueden ser parte de nuestra Bola de Mérito, de la cual podemos extraer inspiración y resistencia. Otras tradiciones tienen conceptos similares a éste, como la “nube de testigos” de la que habló San Pablo, o el Tesoro del Mérito en la Iglesia Católica.
La segunda, y más cotidiana, versión de la meditación de la Bola de Mérito nos ayuda a abrirnos a los poderes de la gente a nuestro alrededor. Está en contraste directo con la noción patriarcal de poder, comúnmente aceptada, como algo de nuestra posesión personal, que se ejerce sobre los demás. Este ejercicio nos prepara a tener una atención expectante en nuestros encuentros con otros seres, para verlos con franqueza fresca y con curiosidad sobre cómo pueden aumentar nuestra Bola de Mérito. Podemos jugar este juego interior con alguien frente a nosotros en el autobús o del otro lado de la mesa de negociaciones. Es especialmente útil al tratar con una persona con quien tenemos conflictos.
¿Qué añade esta persona a mi Gran Bola de Mérito? ¿Qué regalos intelectuales pueden enriquecer nuestra provisión común? ¿Qué reservas de aguante tenaz puede ofrecer ella o él? ¿Qué vuelos de la imaginación o qué poderes de amor se esconden detrás de esos ojos? ¿Qué bondad o valor se ocultan en esos labios, qué poder curativo en esas manos?
Luego, al igual que con el ejercicio de “respiración a través”, nos abrimos a la presencia de estas fuerzas, inhalando nuestra consciencia de ellas. A medida que aumenta nuestra consciencia, experimentamos nuestra gratitud hacia ellas y nuestra capacidad para compartir …
A menudo dejamos que nuestra percepción de los poderes ajenos nos hagan sentir mal. Junto a un colega elocuente podemos sentirnos desarticulados; en la presencia de un atleta podemos sentirnos débiles y torpes; y llegamos a resentir a nosotros mismos y a la otra persona. Sin embargo, a la luz de la Gran Bola de Mérito, el talento y buena fortuna ajenos no aparecen como un desafÃo, sino como recursos que podemos aceptar y gozar. Podemos aprender a jugar al detective, buscando tesoros que mejoren la vida, aún en los materiales más improbables. Como el aire, el sol y el agua, ellos forman parte de nuestro bien común.
Además de liberarnos de la parálisis mental de la envidia, este trabajo espiritual nos ofrece dos recompensas más. Una es el placer en nuestro propia agudeza, a medida que mejoramos nuestra habilidad de detectar el mérito. La segunda es la respuesta de los otros, que aunque ignoren el juego que practicamos, sienten algo en nuestra forma de ser que los invita a revelar más de la persona que pueden ser.
APRENDIENDO A VERSE UNOS A OTROS
Este ejercicio viene de la práctica budista de los Brahmaviharas, también conocidos como las Cuatro Moradas del Buda, que son el amor compasivo, la compasión, la alegrÃa en la alegrÃa ajena y la ecuanimidad. Adaptado para el uso en un contexto social, nos ayuda a ver a cada quien más correctamente y a experimentar las profundidades de nuestra interconexión.
En los talleres lo ofrezco como una meditación guiada, con los participantes sentando en parejas, cara a cara. Al terminar, los invito a continuar usando el ejercicio, o la parte que más les guste, en sus vidas diarias. Es un antÃdoto excelente contra el aburrimiento, cuando nuestro mirada cae en otra persona, por ejemplo en el metro o esperando en la fila para pagar. Llena ese momento perdido con belleza y descubrimiento. También es útil al tratar con gente que pueden desagradarnos o que solemos ignorar; rompe nuestras formas habituales de mirarlas. Al usarla asÃ, como una meditación-en-acción, por supuesto que uno no mira fijamente a los ojos del otro, como en el ejercicio dirigido. Una mirada casual es suficiente.
La forma guiada de grupo va asÃ:
Siéntense en parejas. Uno frente al otro. Permanezcan en silencio. Hagan un par de respiraciones profundas, centrándose en sà mismos y exhalando la tensión Â… MÃrense a los ojos Â… Si sienten incomodidad o un deseo de reÃr o de apartar la mirada, simplemente noten esa turbación con paciencia y gentileza, y regresen cuando puedan, a los ojos de su compañero. Quizás nunca más vuelvas a ver a esta persona: tienes ahora la oportunidad de contemplar la unicidad de este ser humano en particular
Â… Â…
Mientras miras los ojos de esa persona, date cuenta de los poderes que están allÃÂ… Abre tu consciencia a los regalos y fuerzas y a las potencialidades en este ser Â… Tras esos ojos hay reservas ilimitadas de valor e inteligencia Â… de paciencia, aguante, ingenio y sabidurÃa Â… hay regalos allÃ, que incluso él o ella ignoran Â… Considera lo que estos poderes podrÃan hacer por la cicatrización de nuestro planeta, si se creyera en ellos y se actuara en consecuencia
Â… Â…
Mientras consideras esto, cae en cuenta de tu deseo de que esta persona esté libre de miedo … Experimenta cuánto quieres que este ser esté libre del miedo, libre de la avaricia, del odio y del dolor y de las causas de sufrimiento
Â… Â…
Reconoce lo que estás experimentando como el gran amor-compasivo
Â… Â…
Ahora, mientras observas los ojos de esa persona, permÃtete darte cuenta del dolor que está allÃ. Hay pesares acumulados en esa vida, como en todas las vidas humanas, aunque sólo puedas adivinarlos vagamente. Hay desilusiones y fracasos y pérdidas y soledad y abusos Â… hay heridas indecibles Â… Ã?brete a ese dolor, a las heridas que tal vez esta persona nunca haya comunicado a otro ser
Â… Â…
Tu no puedes componer ese dolor, pero puedes estar con él. Mientras estás simplemente con ese sufrimiento, sabe que lo que experimentas es el gran amor-compasivo. Es muy bueno para la curación de nuestro mundo
Â… Â…
Mientras observas los ojos de esa persona, considera qué bueno serÃa trabajar juntos Â… en un proyecto común, hacia un objetivo común Â… Cómo podrÃa ser tomar riesgos juntos Â… confabularse juntos con entusiasmo y humor Â… celebrando los éxitos, consolándose mutuamente en los contratiempos, perdonándose mutuamente los errores Â… y simplemente estando allà el uno para el otro
Â… Â…
Al abrirte a esa posibilidad, a lo que te abres es a un tesoro; al placer en los poderes de cada uno, la alegrÃa en la alegrÃa del otro
Â… Â…
Finalmente, deja que tu consciencia descienda como una piedra a las profundidades de tu ser, debajo del nivel de lo que se puede expresar con palabras, hasta la red profunda de relaciones que está por debajo de toda experiencia. Es la red de la vida de la cual has tomado tu ser y en la cual te apoyas, y la que nos entreteje a todos a través del espacio y el tiempo … Observa al ser frente a ti como uno que, en otro tiempo, en otro lugar, fue tu amante o tu enemigo, tu padre o tu hijo … Y ahora se reencuentran en este instante fugaz … Sabe que tu vida y su vida están tan complejamente entretejidas como las células nerviosas en la mente de un gran ser
Â… Â…
No puedes salirte de esa gran red; ninguna estupidez, o error, o cobardÃa, puede jamás separarte de esa red viva. Porque eso es lo que eres
Â… Â…
Reposa en ese conocimiento. Reposa en la Gran Paz Â… A partir de allà podemos actuar, podemos aventurarnos a todo Â… y podemos dejar que cada encuentro sea un regreso a nuestra verdadera naturaleza Â… Realmente es asÃ
Â… Â…
Al hacer este ejercicio nos damos cuenta de que no tenemos que ser particularmente nobles o santos para despertar nuestra conexión con otros seres. En nuestro tiempos, ese simple despertar es el regalo que nos hace la bomba atómica. Con todo su horror y estupidez, la bomba atómica, como las toxinas que desparramamos en nuestro mundo, es también la manifestación de una impresionante verdad espiritual – la verdad acerca del infierno que creamos para nosotros mismos cuando olvidamos cómo amar. Los santos, los mÃsticos y los profetas de todos los tiempos vieron esa ley; ahora todos pueden verla y nadie puede escapar de sus consecuencias. De manera que ahora estamos atrapados en un lugar estrecho donde nos damos cuenta de que Moisés, Lao-Tzu, Buda, Jesús y nuestro propio corazón siempre tuvieron razón; y estamos tan asustados y desesperados como una rata arrinconada, y somos asà de peligrosos: Pero, si lo dejamos, ese callejón sin salida puede convertirse en un canal uterino, presionándonos y empujándonos a través de la oscuridad del dolor, hasta que somos dados a la luz a Â… ¿dónde? Amor parece ser una palabra demasiado débil. Es, como dijo San Pablo, “la gloria que será revelada en nosotros”. Se agita dentro de nosotros en este mismo momento.
Ya que el considerar a la bomba atómica (o los mares moribundos, o el aire envenenado) como una monstruosa injusticia hacia nosotros, sugerirÃa que nunca hemos tomado seriamente el mandato de amar. Quizás siempre pensamos que Gautama y Jesús bromeaban, o que sus enseñanzas eran sólo para los santos. Pero ahora vemos, en una revelación horrible, que todos somos llamados a ser santos -no necesariamente buenos, o piadosos, o devotos, sino santos en el sentido de simplemente amarnos unos a otros. Uno se pregunta qué terrores debe encerrar este conocimiento, ya que luchamos tanto contra él, y huimos de él con tanto dolor. ¿Será que la bomba atómica, con la cual podemos extinguir toda vida, nos puede decir eso? ¿Nos puede obligar a enfrentar los terrores del amor? ¿Puede ser la ocasión de nuestro nacimiento? En esta posibilidad nos armamos de valor. Aun en la confusión y el miedo, con todas nuestros cansancios y defectos mezquinos, podemos dejar que esa conciencia trabaje en y a través de nuestras vidas.
Ejercicios sencillos como los que se ofrecen aquà nos pueden ayudar a hacerlo, nos ayudan a empezar a vernos a nosotros mismos y los demás con nuevos ojos. PermÃtaseme terminar con la misma sugerencia con que cierro nuestros talleres. Es una práctica que es corolario de la meditación anterior sobre la muerte, donde reconocemos que la persona con quien nos cruzamos puede morir en una guerra nuclear. Mira a la siguiente persona con que te cruces. Puede ser tu amante, un niño, un compañero de trabajado, el conductor del autobús, o tu propia cara en el espejo. Considéralo o considérala con el reconocimiento de que:
En esta persona hay regalos para la cicatrización de nuestro mundo. En él o ella hay poderes que pueden redundar en la alegrÃa de todos los seres.
Poemas Zen
- miru hito no
tabi o shi omoe kakitsubata
- Lirios, pensad
que se halla de viaje el que os mira.
- suki otsuru
asashio hayashi natsu no umi
- Cae la luna,
rápida es la marea: alba de estÃo.
- yo no ame o
kesa furi-kakusu konoha kana
- Lluvia de anoche,
cubierta esta mañana por la hojarasca.
- rakka eda ni
kaeru to mireba kochoo kana
- ¿Estoy viendo flores caÃdas
que retornan a la rama? ¡Es una mariposa!
- choochoo ya
onago no michi no ato saki ya
- Hay mariposas
por donde van las niñas: detrás, delante.
- yabuku ko no
nakute shooji no samusa kana
- Sin niño que me rompa
las paredes de papel, ¡son tan frÃas...!
- tombo tsuri
kyoo wa doko made itta yara
- El cazador de libélulas,
¿hasta qué región se me habrá ido hoy?
- asagao ni
tsurube torarete morai mizu
- Capturado mi pozo
por la flor de asagao, salgo a pedir agua.
- yado no haru
nani mo naki koso nani mo are
- No tiene nada
mi choza en primavera. Lo tiene todo.
- furusato mo
ima wa kari ne ya wataridori
- Es ya mi aldea
un sueño en un viaje. Ave de paso.
- suzukaze ya
kokuu ni michite matsu no koe
- Un viento fresco.
Llenando el firmamento, voces de pinos.
- ume o shiri
kokoro mo onore hana mo onore
- Para conocer la flor del ciruelo,
tanto el propio corazón como la propia nariz.
- Onitsura
haru no hi ya niwa ni suzume no suna abite
- DÃa de primavera,
gorriones en el jardÃn bañándose en arena.
- ugisu ya
ume ni tomaru wa mukashi kara
- El ruiseñor,
posado en el ciruelo desde tan antiguo. kakemeguru yume ya
- yakeno no
kaze no oto
- Sueños sin rumbo;
en páramos quemados, la voz del viento.
- teizen ni
shiruku sakitaru tsubaki kana
- Frente al jardÃn
han florecido, blancas, unas camelias.
- shitagau ya
oto naki hana mo mimi no oku
- Obedecer:
aun las flores silenciosas al oido interior.
- yama giri ya
miya o shugo nasu hora no oto
- Niebla del monte.
Guardas del templo tocan sus caracolas. Taigi
- hakireru ga
tsui ni wa hakazu ochiba kana
- Yo las barrÃa,
y al final no las barrÃ: las hojas secas. tobu hotaru
- are to iwan mo
hitori kana
- Luciérnaga en vuelo;
¡mira! iba a decir, pero estoy solo.
- chiri wa mina
sakura narikeri tera no kure
- Hoy la basura
son flores del cerezo. Tarde en un templo. aki no yo ya
- himon hitoo no
ki no yowai
- Noche de otoño.
Me pregunto y respondo, débil de alma.
