El cinturón negro

De Dojo Seiza, la enciclopedia libre.

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¿Qué significa tener un cinturón negro?

A través de esta popular columna, he recibido correspondencia desde todo el país. Y la pregunta más frecuente es, “¿Cuanto tiempo lleva obtener el cinturón negro?” Yo no sé cuál es la respuesta en otras escuelas, pero mis alumnos saben que formular esta pregunta los puede retrasar varios años en la práctica. Sería un desastre.

La mayoría de la gente se contentaría si yo les dijese que obtener el cinturón negro lleva tan solo un par de años, pero desafortunadamente no es así. Y aunque temo que mucha gente no se sienta conforme con mi respuesta, creo que el concepto erróneo acerca de lo que el cinturón negro representa debería ser clarificado lo mejor posible. No obstante al ser este un tema de discusión poco frecuente, lo abordaré. En primer lugar advierto a mis alumnos que no formulen dicha pregunta. La respuesta no es la que desean escuchar.

¿Cómo se obtiene el cinturón negro? Encuentre un maestro competente y una buena escuela, comience a practicar y trabaje fuerte. Algún día, quien sabe cuando, lo obtendrá. No es fácil, pero funciona. Puede llevar un año; puede llevar diez años. Podría nunca alcanzarse. Cuando uno se da cuenta que el cinturón negro no es tan importante como la practica misma, probablemente se aproxime al nivel de dicho cinturón. Cuando uno se percata que no importa cuanto o que tan duro se entrene, que hay por delante toda una vida de estudio y practica, es probable que se acerque al cinturón negro.

Cualquiera sea el nivel que se logre, si uno piensa que se es merecedor del cinturón negro, o si uno cree que se es lo suficientemente bueno para serlo, se estará lejos del objetivo, y, realmente se encontrará muy distante de alcanzar dicho cinturón. Entrenar fuerte, ser humilde, no presumir frente al maestro u otros alumnos, no quejarse sobre algunas tareas y hacer en la vida siempre lo mejor, eso es lo que significa ser un cinturón negro. Ser demasiado confiado en sí mismo, hacer demostraciones de habilidades, ser competitivo, mirar con desprecio a otros, mostrar falta de respeto, y seleccionar a gusto lo que hacer o no hacer (creyendo que algunos trabajos están por debajo de nuestra dignidad) caracterizan al estudiante que nunca logrará el cinturón negro. Lo que llevan alrededor de la cintura es una simple mercadería comprada por unos pocos dólares en una casa de artículos marciales. El verdadero cinturón negro, usado por un legítimo poseedor es el cinturón blanco del principiante, convertido en negro por el color de su sangre y sudor.

Patrón de entrenamiento

El primer nivel de cinturón negro se denomina en japonés shodan. Literalmente significa “primer nivel”. Sho (primero) es un ideograma interesante. Consta de dos significados radicales “tela” y “cuchillo”. Para confeccionar una prenda, primero se recorta el molde. El molde o dibujo determina el estilo y la imagen del producto final. Si el molde es desproporcionado o incorrecto, la prenda se verá mal y no sentará en forma. De la misma manera, es muy importante el entrenamiento inicial para alcanzar el cinturón negro. Determina finalmente el futuro desempeñó como cinturón negro.

En mis años de enseñanza, he notado que los estudiantes a los cuales únicamente les interesa obtener el cinturón negro se desalientan con facilidad, tan pronto como se dan cuenta que es mucho más difícil que lo esperado. Los estudiantes que vienen sólo por la práctica, sin la preocupación del rango y las promociones, siempre lo hacen bien. No son apabullados por metas irreales y superficiales.

Hay una famosa historia sobre Yagyû Matajuro, quien era el hijo de la prestigiosa familia de espadachines Yagyû del siglo XVII del Japón feudal. El joven al ser echado de la casa por falta de talento y potencial, buscó instrucción en el maestro del sable Tsukahara Bokuden, con la esperanza de convertirse en maestro en manejo de la espada y de esa forma recobrar la reputación familiar. En la entrevista preliminar, Matajuro preguntó a Tsukahara Bokuden, “¿Cuanto tiempo me llevará convertirme en maestro de la espada?” Bokuden contestó, “Oh, alrededor de cinco años si entrenas muy fuerte.” “Si entreno doblemente fuerte, cuanto tiempo me llevará?” inquirió Matajuro. “En ese caso, diez años” respondió Bokuden.

Encontrando un Foco

¿En qué enfocamos cuando no lo hacemos en alcanzar el cinturón negro? Es más fácil decirlo que hacerlo, pero se debería focalizar toda la energía en la práctica. Desde ya que el pensar, “Me concentraré en mi entrenamiento para obtener el cinturón negro”, es un simple juego mental que finalmente conducirá a la propia decepción.

¿Puede simplemente pensar “Me olvidaré completamente de los rangos”? ¿Puede decirse a sí mismo que nunca lo logrará? ¿Siempre estará atado al cinturón negro, posponiendo la idea de olvidarse de él en el fondo de la mente? ¿En otras palabras podrá concentrarse simplemente en la práctica sin tener en cuenta otro tipo de consideraciones? ¿Finalmente podrá darse cuenta que el cinturón negro no es nada más que algo para sujetar los pantalones?

Debería darse cuenta que no obstante reunir todos los requisitos, el número correcto de técnicas, las formas requeridas y la cantidad adecuada de horas de entrenamiento, aún no se estará calificado para el cinturón negro. Lograr el cinturón negro no es una entidad cuantitativa que pueda medirse o pesarse como la compra de frutas en un mercado. El cinturón negro tiene que ver con usted como persona. Cómo se conduce usted dentro y fuera del dojo, su actitud ante el maestro y alumnos, sus metas en la vida, como maneja los obstáculos en la vida, y como persevera en su entrenamiento, son todas condiciones importantes de un cinturón negro. Al mismo tiempo, usted se convierte en modelo para otros estudiantes y finalmente se alcanza la posición de instructor asistente o maestro. En el dojo, sus responsabilidades son mayores que las de un alumno regular. Son las responsabilidades del poseedor de un cinturón negro.

Focalizando realizarse en el entrenamiento

¿Cómo enfocamos nuestro entrenamiento? Un entrenamiento exitoso significa, que debemos analizar lo que hacemos desde un punto de vista razonable y realista. Lo más frecuente es que en lugar de metas realistas tengamos sueños e ilusiones fantasiosas. ¿Usted quiere sobresalir en la práctica de artes marciales como un medio de mejorarse a sí mismo y a su vida, o está motivado por las últimas películas de ladrones y policías? ¿Su práctica está motivada por un fuerte deseo de crecimiento personal o simplemente quiere imitar a las estrellas marciales cinematográficas de moda? Es sorprendente cuantas personas preguntan sobre artes marciales diciendo que quieren ser como Chuck Norris o Steven Seagal. Pero estos artistas son lo que son por sus propios esfuerzos. Se debe ser uno mismo. Todos tenemos nuestros héroes, modelos y sueños, pero debemos separar las fantasías de la realidad si nuestro entrenamiento pretende ser exitoso y significativo.

Realidad

El entrenamiento no tiene nada que ver con rangos, cinturones negros, trofeos o curriculums. Las artes marciales no son un simple juego de nuestras fantasías. Tiene que ver con nuestra vida y nuestra muerte. No sólo tiene que ver con proteger nuestra vida en una situación crítica y letal, si no también como proteger la vida de otros. No se puede ser otra persona aún si ella es una estrella de cine, un gran maestro o un multimillonario. Se debe ser uno mismo, el verdadero ser. Así como Juan Pérez sueña con convertirse en James Dean, Bruce Lee, o Donald Trump, solo podrá ser Juan Pérez. Cuando Juan Pérez se convierta 100 por ciento en Juan Pérez, habrá crecido personalmente. El promedio de las personas vive el 50 o tal vez el 80 por ciento de sus vidas sin saber quienes son realmente. Un artista marcial se reconoce el 100 por ciento de su vida. Esto es lo que el verdadero poseedor del cinturón negro debe aprender. No ser otro más que uno mismo. La practica es una guía que lo conducirá a su verdadero ser. Esta es la esencia de la práctica de un arte marcial.

Alcanzando el cinturón negro

Piense en perder su cinturón negro, no en ganarlo. El maestro de Zen Sawaki Kodo solía decir, “Para ganar es necesario el sufrimiento; la pérdida es engrandecimiento.” Si alguien me preguntase por la diferencia entre los artistas marciales de generaciones anteriores y los de hoy, lo podría resumir así. Los artistas marciales de generaciones previas veían el entrenamiento como “perdida”. Renunciaban a todo por su arte y su practica. Abandonaban sus familias, trabajos, seguridad, fama, dinero, todo, para realizarse personalmente. Hoy, lo único que pensamos es en ganar. “Quiero esto, quiero aquello.” Queremos practicar un arte marcial pero también queremos plata, un lindo auto, fama, teléfonos celulares y todo lo que otros tienen. Shakyamuni Buddha renunció a su reino, sus palacios, a su bella esposa, y a todo lo demás en la búsqueda del engrandecimiento. El primer estudiante de Boddhidharma, considerado el fundador del Kung Fu Shaolin, se cortó el brazo izquierdo para poder estudiar con su maestro. Ahora no tenemos que tomar esas drásticas medidas para aprender un arte marcial, pero no deberíamos olvidar el espíritu y determinación de los grandes maestros del pasado. Debemos darnos cuenta que es necesario hacer sacrificios en nuestras propias vidas para poder proseguir con nuestro entrenamiento. Cuando el estudiante ve su entrenamiento desde el punto de vista de la pérdida en vez de la ganancia, se acerca al espíritu de la maestría, y verdaderamente se hace acreedor del cinturón negro. Sólo cuando finalmente se renuncia a todos los rangos, trofeos, fama, dinero y maestrías, se alcanzará lo realmente importante del entrenamiento. Ser humilde, ser educado. Cuidar a los otros y poner todo por delante de uno mismo. Estudiar un arte marcial es estudiarse a sí mismo, al verdadero ser. No tiene nada que ver con rangos.

Un gran maestro de artes marciales dijo un vez: “Estudiar el yo es olvidar el yo. Olvidar el yo es entender todas las cosas”


EL Dôjô: UN OASIS ESPIRITUAL

Al entrar por primera vez en un dojo de artes marciales, los occidentales se sienten perturbados o impresionados por los saludos continuos y las demás expresiones de etiqueta. Puede que estos rituales parezcan exagerados, superficiales e inútiles. No obstante, cada regla concierne a la seguridad y el bienestar de todos. La vida cotidiana está llena de usos y costumbres que permiten la comunicación y disminuyen el riesgo de malos entendidos. Esta función adquiere mayor importancia en una sociedad guerrera donde la violencia puede moderarse sólo a través de un código de honor muy estricto y una estructura social rígida. La etiqueta era un factor de control, y en ciertas sociedades suponía a menudo la tenue frontera que separaba la vida de la muerte. Al entrar en un dojo uno penetra en un mundo diferente, un mundo de guerreros. Templo del respeto y la camaradería, el dojo puede convertirse en un lugar de paranoia y desconfianza. En el tatami de Aikido intercambiarnos la función de atacante y atacado y nos entrenamos para desarrollar y mejorar las reacciones instintivas.

En virtud de la etiqueta, podemos practicar con una seguridad total,- disciplinar las tendencias agresivas, desarrollar la compasión y el respeto mutuo.

El Aikido no es un deporte. Es una disciplina, un proceso educativo para el entrenamiento de la mente, el cuerpo y el alma. No tiene por objeto el mero estudio de una técnica, ésta es sólo una herramienta para el refinamiento personal y el crecimiento espiritual.

Un dojo de Aikido no es un gimnasio. Es el lugar donde se imparte la enseñanza del maestro Morihei Ueshiba. No es un lugar para manifestar las grandezas del ego individual sino para purificar y educar el cuerpo y el alma. Una actitud de respeto, sinceridad y modestia son esenciales para el proceso de aprendizaje y, puesto que el Aikido es un arte marcial, son esenciales por motivos de seguridad.

Por Reverendo Kensho Furuya (6ºDan Aikikai)

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