La Orientación del Bushido
De Dojo Seiza, la enciclopedia libre.
LA ORIENTACIÓN DEL BUSHIDO (André Protin)
El pensamiento y el carácter de los samurais se constituyeron, depurados y afinados, en contacto con las diferentes civilizaciones continentales que el espíritu japonés, con su extraordinaria capacidad de asimilación, supo recibir e integrar en su patrimonio cultural sin por ello rechazar totalmente sus creencias y aspiraciones. Por esta razón, la tendencia sincrética del japonés de todo rango y toda época, vuelve fluidos los límites entre las zonas o niveles de influencia del budismo, el taoísmo y el confucianismo. Sin embargo, la ruta hacia una cierta moral de la conducta guerrera fue abierta y trazada por el confucianismo que destacaba el esfuerzo y la sinceridad en las relaciones humanas y volvía paralelas las conductas del guerrero y la del letrado, detector de todas las virtudes y modelo por excelencia.
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Sólo en él, en el letrado, se observa, se pone en guardia. Sentado, de píe, respeta a los demás y a sí mismo. Cuando habla, es preciso sobre todo pensar en el cumplimiento de su promesa. Cuando anda, se dirige directamente a su meta.
...El oro, el jade, no son tesoros para el letrado. L sinceridad, la lealtad, ésos son sus tesoros. No exige dominio alguno; practicar la justicia es su dominio...
El letrado hace de la sinceridad y la lealtad su coraza y su casco; de las conveniencias y la justicia hace su escudo. Sobre la cabeza lleva la generosidad (o el humanismo) y se echa a andar.
El letrado extiende su saber sin descanso, actúa sin cansancio.
La Conducta del Letrado.
(Extractos de textos confucianos)
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El bushido se enriquece, pues, de cualidades que le permiten elevarse, pasar del rango inferior de instrucción (militar en este caso) al rango superior de educación. El valor, la bondad y la sabiduría fueron realmente experimentados, vividos, y ya no figuran en el código como simples preceptos, casi en todo momento transgredidos y cuyo conocimiento no era sino intelectual y teórico. el confucianismo es el responsable de la introducción en la conducta del guerrero del principio de altruismo que la asimilación del samurai al guerrero contribuyó a fortalecer, pero que las realidades de la condición del samurai limitaron en la práctica.
Yamaga Soko, que codificó las reglas del bushido, precisó el papel del samurai y las reglas que debía aplicar en estos términos:
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El samurai come sin producir alimentos, utiliza objetos sin fabricarlos y obtiene beneficios sin comprar ni vender. ¿Cuál es la justificación de ello?
La tarea del samurai, consiste en reflexionar sobre el sitio que ocupa en la vida, cumplir con lealtad los servicios que debe a su amo si lo tiene, profundizar la fidelidad en las relaciones que mantiene con los amigos y, de acuerdo con su propia posición, él mismo consagrarse al deber por sobre todo...
Exteriormente se mantiene pronto para acudir a todo llamado, interiormente se esfuerza por conducirse como se debe de acuerdo con las leyes que rigen las relaciones del amo con el súbdito, del amigo con el amigo, del padre con el hijo, del hermano mayor con el hermano menor, del marido con la mujer. En su corazón reina la paz, pero en el exterior guarda las armas listas para ser usadas. Las tres clases del pueblo común hacen de él su maestro y lo respetan. siguiendo sus enseñanzas les es posible comprender lo que es fundamental y lo que es secundario.
Cita del libro: Las Civilizaciones Japonesas.
Avaro de su muerte, aguarda; alimenta su cuerpo con el fin de actuar. Tales son sus precauciones, su prudencia.
Textos confucianos. Etiemble.
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El bushido se desprendió del ideal del sabio, pero lejos de extraviarse en las pendientes indistintas de la sabiduría desde donde se domina la ilusión de la vida, el ideal japonés del sabio vincula constantemente al hombre de acción con el pensador. Su tipo es el "samurai-letrado" que los años no lograron modificar ni suprimir.
El prestigio de que goza empalideció un tanto a fines del siglo pasado con el derrumbe de la era Meiji. Las virtudes caballerescas quedaron un tanto holladas y las cualidades humanas despreciadas con el relajamiento de las costumbres que provocó la adhesión poco corriente en el Papón a las ciencias, las técnicas, las artes y las culturas occidentales y el enorme entusiasmo que suscitaron. La occidentalización del Japón acarreó profundas transformaciones que repercutieron hasta en la vida cotidiana y la clase de los bushi perdió en este movimiento de renovación de la que ella era su iniciadora, no sólo su razón de ser, sino también sus medios de existencia; pero jamás los samurais o sus hijos se confesaron del todo vencidos.
Más que un combate desigual de los sabios contra los cañones, se trataba para ellos del enfrentamiento de dos maneras de ser, de dos civilizaciones. Respetaron esta civilización que supieron, como en el pasado, asimilar. Pero este encuentro fue brutal y la superioridad de los occidentales barría demasiado deprisa la tradición tan cara al corazón de los japoneses. Los hombres, y muchos entre los hijos de los samurais, empezaron a plantearse preguntas sobre el valor de las cosas y de las ideas venidas del Occidente y sobre la significación de esa gran mutación que el Japón estaba a punto de padecer y que no tenía la menor continuidad con el Japón tradicional. Todo el país se lanzaba al encuentro de las cosas nuevas olvidando las antiguas. ¿Qué iba a ocurrir?.
Ya las artes marciales se hundían en la leyenda; se las abandonaba, se las despreciaba; pues bien, sólo el que sabe las cosas nuevas después de aprendidas las antiguas se convierte en maestro decían los maestros de las artes marciales.
Una vez pasado el período de euforia, hubo en el Japón hombres lúcidos y orgullosos de aplicar esta recomendación, adaptarse a las exigencias de semejante desmoronamiento y salir vencedores de la confusión. Extrajeron su fuerza, su coraje y su sabiduría de la tradición.
Uno de ellos, Jigoro Kano (1863-1938) se interesó por las artes marciales y consagró su vida, ya bien colmada por las funciones que ejercía en el Ministerio de Educación Nacional y en la Federación Deportiva del Japón, a poner en su punto un sistema de educación física y de formación del carácter a partir de la enseñanza de las diferentes escuelas de las artes marciales que él había seguido. Su objetivo era hacer de las artes del combate, en suma, peligrosas y no adaptadas a las necesidades del mundo moderno, disciplinas de formación del individuo, emparentadas con los deportes occidentales. Del jiu-jitsu, práctica guerrera basada en la flexibilidad, creó el judo, un arte de vivir. Abría así el camino a todo un sistema de educación, de formación del hombre por las artes marciales cuyo ideal definía en estos términos:
Toda victoria que no provoca la convicción y la transformación del compañero de armas o el adversario, no es sino una apariencia y una ilusión. Vencer sin convencer no es nada.
